• feb 10 2009

    Los amantes del vino saben bien que no hacen falta excusas ni fechas señaladas para asociar a Baco con Cupido y disfrutar de una velada romántica bien regada con los mejores vinos que podamos permitirnos. Aún así, nos apuntamos a la iconografía del corazón y aprovechamos la oportunidad para dar rienda suelta al romanticismo.

    Todos los vinos son románticos, por definición. Porque inspiran el verbo, dulcifican la mirada, exaltan los sentidos… en definitiva, porque nos embarcan en la aventura de la seducción. No obstante, existen algunos que son especialmente románticos. Como el champán o el cava. No por otra cosa, es difícil concebir la abstracción romántica sin que se cruce por la mente una copa de este tipo de espumosos. ¿Rosado? Por qué no. Pero también cualquier otro capaz de encender la llama del amor. En este sentido, habría que decir que los científicos deberían investigar la relación entre burbujas y feniletilamina, dopamina, norepinefrina, oxitocina y demás sustancias que segrega nuestro cerebro cuando nos enamoramos.

    Pero, además de las burbujas, hay muchos otros vinos con alto potencial romántico. Por ejemplo, ¿quién puede dudar del influjo seductor de los vinos de la denominación Saint-Amour, en el Beaujolais? ¿O de los del cru borgoñón de Les Amoureuses, en Chambolle-Musigny? ¡Por no hablar del champán Amour de Deutz, delicioso blanc de blancs que incluye una imagen del mismísimo Cupido en su etiqueta!

    Aunque en España tampoco faltan vinos cuyo nombre remite directamente al amor. Venus, por ejemplo, el magnífico tinto que elabora Sara Pérez en Montsant. O San Valentín, el blanco afrutado que producen las bodegas Torres seguramente pensando en el 14 de febrero. Está también el tinto Amant, de Toro, e incluso el Amador Parreño, de la Ribera del Júcar (para los que busquen la pasión a la sombra de la vid).

    Hay también en este país vinos con nombres más que explícitos, como es el caso de Asalto Amoroso, un oloroso de la casa jerezana Garvey (hay que decir que ‘amoroso’ es todo un género en Jerez, un tipo de oloroso dulce últimamente en declive). Aunque para apasionados, nada como una copa de Corazón Latino, de las bodegas Pérez Barquero en Montilla-Moriles.

    Otros son tan delicados como el Beso de Ángel, moscatel dulce de las bodegas Robles, de Montilla-Moriles. Porque un beso de ángel es delicado e inocente, siempre que el ángel no sea Cupido, claro. El mismo que revolotea en estas fechas. ¡Feliz San Valentín!

    Posted by Etienne @ 16:15

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