• feb 22 2009

    Escondida en una costa de hormigón y ladrillo hay una ciudad en pleno proceso de transformación. La Málaga de hoy poco tiene que ver con la urbe desdibujada de hace 10 años. La sexta capital más poblada de España tiene su hueco en el panorama cultural con el Museo Picasso y el Centro de Arte Contemporáneo, y se reivindica como lugar de turismo más allá del sol y la playa con un centro histórico en constante mejora. Eso sí, cuenta con uno de los mejores climas de la Europa continental: más de 300 días al año con un cielo azul y despejado a tiro de AVE.

    10.00 Diez nombres para el café

    Se puede empezar el día en pleno centro, en la plaza de la Constitución (1). Tras llegar allí por la principal vía de la ciudad, una remodelada calle del Marqués de Larios (2) -el mismo que dio nombre a la ginebra que se hacía en la capital de la Costa del Sol-, hay que tomar algo en el café Central (plaza de la Constitución, 11. 952 22 49 72; www.cafecentralmalaga.com).

    Olvídese del cortado. En Málaga, la proporción entre café y leche determina el nombre de la bebida: un mitad, un largo, una nube, un sombra… En el salón del local hay colgado un cartel con las 10 denominaciones que los malagueños dan a un vaso de café. Después de eso, el centro histórico está a sus pies. Se pueden recorrer las tiendas artesanales de la calle de Granada, llegar a las puertas del teatro Cervantes (3) (calle de Ramos Marín, s/n) y dirigirse a la plaza del Obispo y ver una catedral renacentista - (4) – , la de la Encarnación, poco conocida, pero con un valor artístico que va más allá de su principal rasgo: la falta de una torre, lo que le vale el apodo de La Manquita.

    Se cree que la guerra de la independencia de EE UU se llevó en el siglo XVIII el dinero que hacía falta para no dejarla lisiada. Si siente curiosidad por la Semana Santa andaluza y no está en la ciudad durante esos días, muy cerca, en calle de Alcazabilla (5), están las casas hermandades de dos cofradías (Estudiantes y Sepulcro) que muestran durante todo el año los enormes tronos -que no pasos- que diferencian a la tradición malagueña del resto de la región.

    12.00 Mañana picassiana

    Las referencias a Picasso son una constante en la ciudad. El pintor malagueño quiso tener un museo en su ciudad natal, y esto es una realidad desde 2003 gracias a las donaciones de su nuera Christine. Un remodelado palacio del siglo XVI, en el número 8 de la calle de San Agustín, sirve de sede (6) (www.museopicassomalaga.org; 902 44 33 77. Abre de 10.00 a 20.00, de martes a jueves, domingos y festivos. Hasta las 21.00, los viernes y sábados. Entrada, 6 euros) para 150 obras. Además de todo lo picassiano y de las exposiciones temporales, en su subsuelo quedan a la vista del público restos romanos y fenicios de la ciudad. A pocos metros, en la calle de Granada, está la iglesia de Santiago, lugar del bautizo del artista, y a un minuto, en una de las esquinas de la plaza de la Merced, se encuentra la casa donde nació el pintor (7), en la que hoy se celebran exposiciones, conferencias y cursos (www.fundacionpicasso.es). Para rematar la mañana conviene llegar hasta el río Guadalmedina, un cauce seco que parte la ciudad en dos, y llegar hasta el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga (8)(calle de Alemania, s/n. www.cacmalaga.org; 952 12 00 55. De martes a domingo, de 10.00 a 20.00. Entrada gratuita). Su muestra permanente alberga obras firmadas por artistas que van desde el danés Olafur Eliasson hasta el madrileño Juan Muñoz. Aunque lleva sólo unos años abierta, su cafetería ya es famosa en la ciudad y conviene hacer una parada en ella tras la visita.

    14.00 La hora del ‘pescaíto’

    A los malagueños les llaman boquerones por algo. Hay que probarlos fritos en restaurantes como el Orellana (9)(calle de Moreno Monroy, 3; www.barorellana.es) o en cualquier otro de los sitios de tapeo que hay en los alrededores. También se puede hacer junto al mar en cualquier chiringuito del paseo marítimo Pablo Ruiz Picasso (10). La comida tiene que ser a base de pescaíto, y si la visita a la ciudad es en un mes que no contenga la letra erre, son ineludibles los deliciosos espetos de sardinas, que se preparan ensartando varias en una caña y haciéndolas a la brasa.

    17.00 Romana y mora

    Tras la comida y una caminata por el paseo del Parque (11), un jardín botánico subtropical recién remodelado, se llega de nuevo a la calle de Alcazabilla, donde se conserva un teatro romano del siglo I después de Cristo justo al lado de algunas de las terrazas más modernas de la ciudad. Estamos en la base del monte Gibralfaro (12), en cuya ladera se encuentra la alcazaba de la ciudad, que tiene la entrada al público en ese mismo lugar. Construida en el siglo VIII, fue residencia de reyes y gobernantes musulmanes y cristianos. Esta fortaleza está unida a través de una doble fila de murallas rampantes con el castillo de Gibralfaro, aunque para llegar a él hay que acceder por otra vía. La visita termina en lo alto del monte, contemplando a 132 metros de altura una de las postales más famosas de la ciudad, con unas impresionantes vistas a la plaza de toros en primer término, a un puerto también en cambio, al parque, al centro y a toda la parte occidental de Málaga.

    19.00 Atardecer en la bahía

    Al final del paseo marítimo Pablo Picasso, en la parte oriental de la ciudad, hay un enclave privilegiado para contemplar un atardecer sobre la bahía de Málaga. El mar se vuelve plateado y la ciudad se va apagando en los Baños del Carmen (13), un antiguo balneario que hoy es una playita abierta a la ciudad que dispone también de una amplia terraza para tomar algo oyendo el romper de las olas. Ahí se está a punto de entrar en la Málaga marinera, la de los barrios de Pedregalejo y El Palo, donde las casas de los pescadores se apilan a pie de playa. Si pasa cerca de las nueve de la noche por el número 13 de la carretera de Almería verá una cola para entrar en un pequeño establecimiento. Es El Pimpi de la Florida (14)(www.pimpilaflorida.com; 952 29 26 25), un curioso local donde se come marisco, empanadillas caseras y vino blanco servido por Jesús, su entrañable dueño.

    23.30 Vinos dulces

    De Pimpi a Pimpi (15). Con el mismo nombre, se halla en el número 62 de la calle de Granada el que es seguramente el bar más famoso de la ciudad. El vino dulce de Málaga es su seña de identidad, guardado en barriles firmados por todas las personalidades que han visitado el establecimiento a lo largo de su historia. La noche malagueña es larga. Si tras los vinos quiere seguir de fiesta, el centro está plagado de bares de todas las tendencias. Lo que no encontrará son grandes discotecas, pero sí locales de tamaño mediano con personalidad propia

    Vía El Viajero de El Páis

    Posted by Fabian @ 12:32

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