• mar 02 2009

    “¿Te has vuelto loco?… ¡Nadie va a beber un vino indio!”. Fue la reacción con que se topó Rajeev Samant cuando quiso fundar una bodega.

    Rajeev Samant dejó EE UU para fundar una bodega en su India natal

    Ya nadie le dice que está loco. Vende dos millones de botellas al año

    Este ingeniero industrial, licenciado en la universidad californiana de Stanford, tenía a principios de los años noventa un futuro brillante en Silicon Valley, pero decidió volver a su añorado Bombay a buscarse la vida. “Era la época en la que los indios emigraban y nadie regresaba; los aviones venían vacíos”, recuerda. Lo primero que hizo fue pedirle a su padre 12 hectáreas de tierra, donde sembró “de todo, desde mangos hasta tomates”.

    Después, recordando su tiempo en California, se le ocurrió la idea de producir vino. En India había ya algunas bodegas, pero no estaban industrializadas y la cultura de beber vino era muy marginal.

    Se encontró con que el clima en su terreno de Nasik (Estado de Maharashtra, al oeste de India) era en invierno “tan bueno como el de las regiones vitivinícolas de España, California o Australia”. Un especialista californiano, Kerry Damskey, aceptó embarcarse en la aventura recibiendo su sueldo al 50% en dinero y acciones de la compañía.

    Con préstamos de aproximadamente 780.000 euros, Samant plantó las variedades de uva sauvignon blanc, francesa, y chenin blanc, californiana, y tres años después, en 2000, vendía sus primeros vinos. El crecimiento de la bodega ha sido exponencial y sus viñedos ocupan ahora 730 hectáreas. Comercializa más de una decena de caldos diferentes -entre ellos, tintos y espumosos-, de los que vendió más de dos millones de botellas entre 2007 y 2008.

    Ya nadie pregunta a Samant si se ha vuelto loco. Han surgido otras bodegas y las que ya existían están creciendo, pero Sula Vineyards es una de las principales y claro ejemplo de cómo la industria en el subcontinente indio está en plena expansión. “Aunque no es la que más vende, Sula ha sido importante porque ha popularizado el vino con una exitosa campaña de marketing y distribución”, cuenta Reva Singh, la editora de la única revista especializada en el subcontinente, Sommelier India. Samant han sido pieza clave de lo que llaman “la pequeña revolución del vino en India”, donde el consumo ha crecido increíblemente si se considera que comenzó casi de la nada.

    En 2007 se vendieron 8,2 millones de litros en India, según los datos más recientes de Euromonitor, cuyas previsiones apuntan a que esa cifra se cuadriplicará en 2012. Aun así, los caldos representan sólo el 1% del consumo de alcohol en India, donde el whisky es el indiscutible rey. Además, el vino es relativamente caro. Los precios de una botella oscilan entre 2,35 y 23,35 euros, cuando el sueldo mensual de un profesional de clase media gira en torno a los 400 euros. El problema son los impuestos, excesivamente altos, unas 200 rupias en una botella que se vende a 500. Los impuestos han impedido que los vinos extranjeros sean populares en India: hasta el 163% cuesta cruzar la aduana.

    Aunque se comienzan a exportar, los caldos indios todavía no son reconocidos internacionalmente. Los entrevistados coinciden en que, aunque son buenos, pueden mejorar. “Son aceptables y están en un proceso de evolución porque han empezado hace poco, pero tienen buenas posibilidades”, cuenta Txuku Iriarte, una vasca propietaria del hotel Malabar House en Kerala, al sur de India.

    Más info: Sula Vineyards

    Posted by Cesar @ 9:58

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