• abr 20 2009

    Mucho se habla del envejecimiento y añejamiento de los vinos, sin embargo, la mayoría o no han sido criados por el productor o bien tampoco necesitan ser guardados por el consumidor.

    Se trata de vinos jóvenes, frescos, sencillos, que se embotellan inmediatamente de elaborados y se lanzan al mercado para ser consumidos. Después de todo esa es la principal finalidad de un vino, beberlo.

    Aquellos que se producen en grandes cantidades y con bajos costos, son vinos de diario. A ese tipo la guarda la verdad no les favorece, por el contrario les perjudica y les hace perder sabor y frescura.

    Existe otro porcentaje, más reducido, cuya franja de precios es intermedia, es decir, ni tan caros, ni tan baratos. Son vinos que se pueden beber jóvenes pero también se los puede guardar algunos años mejorando sus cualidades. Ahora bien, esa guarda nunca debe ir más allá de los cinco años y obviamente siempre deben ser tintos.

    Por último, existe una categoría de vinos que han sido pensados y elaborados para evolucionar con una guarda, son los llamados vinos de guarda.

    Esa excelencia se logra por una serie de factores como la elección del terruño y los cepajes, pero sobre todo, el cuidado, esmero, y porque no, el amor que se pone en su vinificación.

    Se trata de un proceso que va desde la cosecha de las uvas, en pequeñas cantidades para que no se rompan antes de que les dé el sol y estén frescas, hasta la elaboración, crianza, embotellado.

    Estos vinos son los que mejores resultados nos ofrecerán al darles una cierta guarda o criana en nuestra bodega particular y la verdad sea dicha, pueden darnos agradables sorpresas y sensaciones para el recuerdo y la memoria.

    La curva vital

    Vino Nuevo: Es el vino recién terminado, cargado de todos los aromas y sabores propios de las uvas. Es el punto ideal de los vinos blancos secos.

    Muchos tintos en esta etapa resultan muy ásperos, aunque hay excepciones, como el Beaujolais, vino francés, generalmente ofrecido en su versión rosado, que resulta agradable solo cuando es nuevo, ya que rápidamente se oxida perdiendo los aromas de frutos rojos y flores que le son característicos.

    Vino Maduro: Es el momento donde todavía conserva algo de frutas pero ya empiezan a aparecer las notas de la crianza en madera que, por supuesto, varían según la cepa del vino.

    De los blancos solo los grandes chardonnay y los dulces naturales pueden llegar a una madurez digna. En cambio los tintos, en especial si se han criado en roble, llegan a la madurez con todo su esplendor, con tonos de frutos secos, cuero, tabaco.

    Vino Añejo: Es aquel que ya perdió todas sus cualidades primarias pero que tiene gran equilibrio. En un vino añejo nos podemos encontrar con matices de madera, chocolate e infusiones.

    Estos vinos son absolutamente delicados, han perdido toda su aspereza y agresividad. A este punto llegan solo los mejores tintos y algunas rarezas blancas.

    Vino Viejo: Es la muerte de cualquier vino, blanco, rosado o tinto. Ha perdido todos sus caracteres; color, aroma, sabor. Lo único que se puede hacer con este vino desecharlo. Por eso evite llegar a este punto, bébalo antes.

    Posted by Fabian @ 18:47

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