• jun 14 2009

    Algunos de los más prestigiosos gurús vitivinícolas consideran que la comarca valenciana de Utiel-Requena se encuentra en un reducido y privilegiado grupo de zonas productoras de España que aún son poco conocidas y que, sin embargo, cuentan con un gran potencial de desarrollo en el mercado de los vinos de calidad. Es, además, de las denominaciones de origen con mayor superficie continuada de viñedos, lo que le confiere unas cualidades paisajísticas especiales, y dispone de una variedad predominante y autóctona por antonomasia: la Bobal, que aporta ese punto de diferenciación que hoy tanto se busca para apreciar lo peculiar, las singularidades que marcan lo distinto, siempre que prevalezca la calidad.

    Pero ¿es la uva Bobal capaz de dar vinos de calidad? Hasta hace poco fue variedad en la que se centraron sólo graneles con altas producciones y precios bajos, pero las cosas están cambiando deprisa. Por una parte, ese tipo de producción tiene poco futuro en un mercado saturado, excedentario. Por otra, nuevas generaciones de enólogos vienen aplicando más conocimiento técnico para obtener lo que antes casi era impensable.

    Siete enólogos jóvenes de Utiel- Requena han contado sus experiencias y logros y han concluido que la Bobal es singular y difícil, porque, encima, no siempre se comporta igual, ni es lo mismo la uva de un viñedo joven que de unas cepas viejas, y hay varios clones, pero, sin duda, «no es una uva boba», como podría deducirse por el posible origen indebido del nombre.

    Esta ‘selección’ de enólogos que reunimos son: Félix Martínez y Víctor García (Vera de Estenas, Martínez Bermell, Viña Lidón, Casa Don Ángel), Antonio Sarrión (Bodegas Mustiguillo, Mestizaje, Quincha Corral, Terrerazo), Fernando Martínez (Ladrón de Lunas), Diego Fernández (Lo Necesario), Pedro Cárcel (Vereda Real, Bobalia, Selectto, Ettnos) y Gonzalo Medina (Aranleón, El Árbol Blanco, cava Deshora).

    Pedro Cárcel lo tiene muy claro: «Cuando coges la uva y la seleccionas, ya sabes lo que quieres y lo que puedes conseguir». Su primer Bobal fue un Gran Reserva con 28 meses de crianza «y ha evolucionado muy bien». Muchas veces, la clave no está sólo en la materia prima, que tiene que ser la mejor, sino «también en la madera de las barricas, porque según qué madera, envejece el vino de una manera u otra». Lo importante es «trabajar mucho en todos los factores para ajustarlos en la obtención de un buen vino».

    Conseguir un equilibrio

    Félix Martínez, uno de los primeros que empezó a apostar en serio con la Bobal, «lo difícil es conseguir un equilibrio; hacer un vino fuerte puede ser relativamente fácil; para sacar un rosado joven, la Bobal es extraordinaria; pero cuando entramos con la madera, ahí cabe caer fácilmente en desviaciones: igual te sale una cosa bien que acabas en un desatino».

    El problema es «acertar con la bondad de la uva y con la madera apropiada». Un defecto que, según apuntan todos, ha predominado en la zona, es que «no siempre se utiliza la madera de roble apropiado y el parque de barricas está bastante obsoleto, lo que favorece alteraciones no deseadas en el proceso de elaboración». Pero el buen vino empieza por asegurarse en la viña. En viñas viejas, mejor, y más en Bobal, con una media de kilo y medio de uva por cepa».

    Gonzalo Medina apunta que no todo el viñedo de Utiel-Requena es apto para hacer grandes vinos, que son 40.000 hectáreas de superficie. Ni siquiera todos los de Bobal, el 80% de la comarca. Para la distinción que ellos buscan y producen sirve el secano puro y duro, las viñas en tierras pobres, en laderas, no en fondos de valles».

    Félix puntualiza que «las viñas viejas se regulan mejor», aunque depende de cómo se cultiven. Si se cuenta con uva apropiada ya hay mucho adelantado, pero «lo complejo es sacar matrícula de honor; ahí interviene el plus de conocimiento y creatividad de cada uno».

    Toni Sarrió cuenta que en la finca El Terrerazo tiene Bobal muy vieja y el le está sacando provecho como tal desde que se implicó en la explotación familiar, a finales de los años noventa. Hasta entonces tenían otros proyectos. Su padre construyó una bodega para dos millones y medio de litro. El cambió radicalmente el concepto: diferenciar bien lo que vale de verdad y sacarle provecho en gama alta; el resto se comercializa por otras líneas.

    De cualquier manera acepta que «estas cosas van por modas», que ahora se aprecia más lo autóctono y que después se puede volver a querer más las variedades que se consideraban ‘mejorantes’, como Merlot, Cabernet… De todas formas hay que estar preparados para cambios con su apuesta por la calidad total.

    Fernando Martínez considera que el futuro ya está presente en la comarca. Ellos lo demuestran. El vino de alta gama empieza a obtenerse en la viña. El cultivo es esencial. El terreno, la cepa, la poda, los tratamientos, la vendimia en el momento justo, el mimo con la uva, la elaboración esmerada… Mucho trabajo, nada de cruzarse de piernas y esperar a la suerte. Las cosas no salen bien porque sí, y menos si se repite.

    Todos asienten. Es curioso que estos profesionales comprometidos estén de acuerdo en casi todo. Llevan líneas paralelas. Por algo será.

    Diego Fernández cree que el futuro está en muchas bodegas pequeñas de autor, «que el cliente pueda elegir», que entre todos se haga mercado, que un fin de semana, por ejemplo, llegue un turista a un pueblo de la comarca y, además de tener para elegir dónde comer y dormir bien, y en qué entretener sus horas de asueto, pueda comprar vinos en un sitio o en otro, o mejor en varios. Y así se va corriendo la voz y «toma cuerpo la idea de que esta es una tierra de buenos vinos, porque lo es, y si hacemos eso, lo demostramos del todo».

    La bodega familiar de Diego está en Casas del Rey, cerca de Venta del Moro, donde también elabora cerveza de alta calidad, y el vislumbra «que en cada pueblo y aldea, por pequeña que sea, haya cuatro o cinco puertas abiertas, vendiendo vino con una relación excepcional de calidad y precio».

    Víctor García entiende que «por un lado hemos tenido suerte, porque estamos acertando, pero por el otro nos toca demostrar lo que somos; aquí tenemos que convencer más, porque partimos de la existencia de una idea equivocada de que en Utiel-Requena no puede haber buenos vinos, menos con Bobal, y lo que les parece más increíble a muchos es que tengamos grandes vinos sólo de Bobal, hasta que los prueban, claro».

    Pedro y Fernando apuntan que «esto tenía que evolucionar y ha evolucionado; un compendio de cosas han obrado el milagro, y ahora la cuestión es crecer, extender la mancha y asentarse de verdad».

    Vía Las Provincias

    Posted by Cesar @ 19:52

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