• sep 26 2009

    En la actividad turística de Sevilla la restauración ocupa un lugar relevante. El peregrinaje monumental y ambiental de Sevilla debe completarse con la degustación gastronómica que le ofrece el mejor entorno para “el tapeo”.

    Sevilla siempre ha tenido su duende, y más a la hora de comer. Esta gran ciudad cuenta con una excelente gastronomía de base e infinidad de restaurantes de muy buen nivel, desde la Alquería y La Taberna del Alabardero hasta restaurantes al más puro estilo norteño, como Egaña Oriza. Además, la capital anzaluza ofrece mucha y buena cocina creativa y moderna, pero, sin embargo, a un porcentaje elevado de los visitantes lo que más les apetece es irse de tapas. Claro que eso se debe a que las tapas sevillanas tienen una justa fama, pero también, sin duda, está el hecho de que las mejores zonas de tapas coinciden con los barrios más bellos y divertidos de la ciudad. Así, el turista puede matar dos pájaros de un tiro.

    La tapa es una institución andaluza. Se dice que su nombre procede de que cuando alguien entraba en una taberna y le servían un vaso de vino, éste se tapaba con un platito para que no le entraran moscas. Sobre el platito empezaron entonces a poner comida. El tabernero habilidoso solía colocar aceitunas, trozos de arenque, salazones, tocinos…, es decir, productos salados para que el parroquiano se animara y pidiera otra consumición para quitarse el salino de la boca. ¡Qué gran momento cuando aparecieron las anchoas! Luego la cosa se fue perfeccionando y aparecieron las chacinas, y de ahí la sana competencia para poner tapas que ya se cobraban. En pocos lugares de Sevilla ponen “aperitivo” como en otras zonas de España, pero para comer algo tampoco es necesario pedir una ración, en todo caso mejor media, porque las raciones de los bares sevillanos suelen ser muy generosas; simplemente se pide una tapa que es una cantidad pequeña y por poco precio para uno solo, y listo.

    Hay una zona de tapas en Sevilla que es inigualable, y es la del Barrio de Santa Cruz. Es la más turística de la ciudad, porque es difícil encontrar un barrio tan bonito, tan bien cuidado, con tanta personalidad como éste de los alrededores de la Catedral. Sin embargo, a diferencia de otros lugares en que las zonas turísticas tienen establecimientos generalmente malos y caros para turistas, aquí la mayoría son lugares de pro donde acuden los mismísimos sevillanos que se codean con guiris, tanto extranjeros como nacionales, lo que representa toda una garantía.

    Chacinas y “pescaíto” frito

    La idea sería hacerse una larga ruta de varias horas para ver el barrio con paradas para poder tapear. Se arrancaría en la Plaza de la Catedral, debajo de la mismísima Giralda, para entrar por la Calle Mateos Gago. Allí en el número 1 ya está el primer lugar recomendable, La Giralda, donde se pueden tomar unas papas aliñás o unos flamenquines, entre infinidad de cosas más. Siguiendo por esa calle y girando por Santa Teresa, encontraremos Las Teresas, otro bar estupendo donde el secreto o la presa de ibérico son dos de las especialidades. En la recoleta Plaza de Santa Cruz hay poco que picar, pero en la de Venerables están algunos de los mejores sitios, como La Hostería del Laurel y Casa Román, con valoradas terracitas donde picotear sentados al aire libre. Callejeando podemos cruzarnos con Modesto (Cano y Cueto, 5) o Carmela (Santa María La Blanca, 4), que bien merecen una tranquila parada.

    Las tapas sevillanas pueden subdividirse en varios bloques de platos. En primer lugar, las chacinas, con predominio del ibérico de bellota tanto para el jamón como para la caña de lomo. Andalucía es una de las grandes consumidoras de estas delicias únicas, ya que, aparte de contar con la zona de Sierra de Huelva -donde están Jabugo y Cumbres Mayores, entre otros pueblos emblemáticos-, también tienen el Valle de Los Pedroches, otra zona especial en el ibérico de bellota, y aun así no es difícil encontrar en los bares sevillanos jamones de la Dehesa de Extremadura o de Guijuelo (Salamanca).

    Otro apartado está compuesto por los tradicionales pescaítos fritos, esa maravilla de puntillitas o chopitos, boquerones, acedías, calamares, cazón en adobo…

    El tercer bloque lo constituyen los aliños, generalmente hechos con aceite, vinagre y especias, donde triunfan las papas, las huevas de pescado y la melva, todas ellas aliñás.

    Y el último apartado, el más desconocido y también el gastronómicamente más curioso, está formado por platos calientes elaborados de varias maneras, desde la tortita de camarones hasta los flamenquines -fritos de carne enrollada-, los soldaditos de pavía -fritos de bacalao-, guisos de urta a la roteña, espinacas con garbanzos, choco con habitas e infinidad de elaboraciones más complejas y suculentas, como carne de ibérico a la plancha o guisada.

    Un surtido de lo más variado

    Con esos datos bajo el brazo podemos acudir a la segunda gran zona de tapas, que es el centro, entre la famosa Calle Sierpes y las de Velázquez y Tetuán, en la actualidad vías muy comerciales y peatonales con callejas entre medias donde encontraremos los sitios más recomendados de Sevilla:

    • Casa Moreno (Gamazo, 7),
    • Bodeguita Romero (Gamazo, 16)
    • Mestre (General Polavieja, 4)
    • El Portón (General Polavieja, 20)
    • Bodeguita Entrecárceles (Entrecarceles, s/n)
    • Casa Ricardo (Hernán Cortés, 2)

    Bar Eslava (Eslava, 3), es uno de lugares de tapeo más espectaculares de Sevilla. El local es normalito, alargado y con un pequeño comedor al fondo. La variedad de tapa es amplísima, y destacar alguna es complicado, no obstante resaltaré las costillas a la miel y el pastel de espinacas. Presume de tener una cocina andaluza con toques modernistas. La relación calidad precio es buena y su carta de vinos muy amplia. Junto al bar se encuentra el restaurante del mismo nombre, un sitio para comer en plan mas serio. Está bien, algo caro, pero sorprende menos que el bar.

    Por último, un sitio obligado en Sevilla es acudir al Barrio de Triana. Cruzando su puente o por el de la Torre del Oro se llega a una de las vías más populares en la orilla del río, que es la Calle Betis. Allí está el sitio más famoso de la zona, La Albariza, con un largo repertorio para comer, flanqueado al final de los dos puentes por el Kiosko de las Flores y el Faro de Triana. Luego, a callejear por el barrio:

    • Sol y Sombra (Castilla, 151)
    • La Blanca Paloma (San Jacinto, 46)
    • Las Golondrinas (Antillano Campos, 26)
    • Manolo Villarón (Rodrigo de Triana, 4)

    De paso, si están por la zona, recuerden un lugar que se llama La Anselma (Pagés del Corro, 45), que es uno de los sitios más divertidos y recomendables para disfrutar de un buen flamenco mientras se hace la digestión. Ir de tapas por Sevilla es siempre obligatorio, porque, además de comer de lujo y variadísimo, constituye todo un espectáculo por el ambientazo que hay en cada bar, por el estilo de servir y por los camareros con sus tizas anotando los diversos pedidos. Y para beber aprovechen que están en el sur, y aunque en Sevilla se degusta mucha cerveza, no dejen de tomar esos finos y manzanillas jerezanos que parecen hechos para combinar perfectamente con las tapas. La excursión gastronómica se recordará toda la vida.

    Posted by Fabian @ 8:12

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