• dic 01 2009

    Considerado como uno de los críticos de vino más influyentes del vino, tanto en lo que se refiere al precio que alcanzan los vinos según cómo los valore, como respecto a la influencia que tiene en la producción de vino considerándose que hay algunos productores que “parkerizan” su vino, es decir, lo adaptan a lo que creen el gusto de este crítico con la finalidad de obtener una alta puntuación.

    Todo aficionado al vino, ha oido hablar de Robert Parker es hacer referencia a un gurú, a un monstruo del sector. Para bien o para mal.  Criado en un estado de la América rural estudiando primero historia y posteriormente abogacía, carrera que abandonó para dedicarse en profundidad a la crítica de vinos en 1984. Desde entonces las puntuaciones que publica cuatro veces al año en su newsletter The Wine Advocate, son todo un éxito. De los 600 suscriptores de sus comienzos, ha pasado a tener en la actualidad más de 50.000.

    Su popularidad se ha gestado a través de su peculiar manera de valorar tan preciado líquido, con una puntuación de 50 a 100 puntos, Parker ha conseguido ser el más temido de los catadores: cuando puntúa alto, sube el vino.

    La fama le viene de una nariz prodigiosa capaz de notar los más variados matices y una gran memoria olfativa, algunos hechos han puesto en tela de juicio sus habilidades. En el 2000 declaró al The Atlantic Monthly que al año cataba alrededor de 10.000 vinos y que “recordaba cada vino que había catado en los últimos 32 años…”. Sus críticos se frotaron las manos cuando en una cata a ciegas de los mejores quince vinos burdeos de 2005, cuya añada denominó la mejor de su vida, se confundió varias veces con algunos de ellos…

    La ‘parkerización’ de los vinos 

    Sea como fuere, hay que reconocer la manera en que Parker ha cambiado la forma de elaborar el vino, llegándose a hablar de la parkerización de muchas bodegas. Y es que lo de verse recompensadas con una alta puntuación que les dé mucha publicidad y aumente el precio de sus botellas en todo el mundo se ha convertido en una auténtica obsesión. De hecho, muchos vinos norteamericanos llegan a exhibir en sus etiquetas la puntuación que Parker les ha dado, un dato que les convierte en valores seguros en el mercado. Y es que, tal como cita McCoy, “la diferencia entre una puntuación de 85 y 95 significa una diferencia de 6 y 7 millones” y “una botella calificada con un 100 puede cuadriplicar su precio”.

    ¿Y cuáles son los rasgos de los vinos parkerizados? Para comprender sus gustos hay que tener en cuenta la forma en que el crítico hace sus catas. La enorme cantidad de vinos que prueba al cabo de un año le obligan a hacerlas de forma meteórica: en una sentada puede catar de 50 a 100 vinos. El propio Parker afirmó en el programa norteamericano 60 minutos, que un vino le dice todo lo que necesita saber en cinco segundos, algo que a muchos de sus críticos les ha conducido a pensar que lo que más se tiene en cuenta son los son los niveles de alcohol y roble, dos ingredientes que han de estar muy marcados en todo vino al gusto parkerizado que se precie. También una baja acidez y un componente en tela de juicio: Brettanomyces, un tipo de levadura que en exceso puede llegar a fastidiar un vino.

    Polémicas y críticas aparte, Robert Parker es un gran líder de opinión, el crítico más influente, de ahí que se hayan vendido todas las entradas para la cata magistral que ofrecerá en el Congreso Internacional Wine Future, que se celebró los días 12 y 13 en Logroño. Un acto que suscitó muchos enfados entre los viticultores riojanos, que tuvieron que presionar para que, además de esa colección de vinos con más de 90% de garnacha que Parker se empeñó en catar en una zona donde esa variedad de uva es minoritaria, se incluyeran dos con su denominación de origen. Con ellos, un Marqués del Riscal de 1945 y un Contador 2007, el norteamericano puso finalmente el colofón en la que es su primera visita a nuestro país.

    Se podrá estar o no de acuerdo en sus gustos, pero Parker marca con nariz de hierro las tendencias del mercado del vino. Eso sí, sin perder nunca la perspectiva porque, si hacemos caso a lo que el propio Parker dice, nadie puede sustituir nuestro propio paladar y no hay mejor educación que comprobar por uno mismo la calidad de un vino. Si algo es bueno, sobran las palabras.

    Posted by Etienne @ 11:23

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