• ene 23 2010

    La ciudad sabe a vino y nostalgia. Al caminar por sus calles empinadas se percibe el aroma del pasado, impregnado en casas antiguas con pequeños balcones. La segunda urbe más importante de Portugal, después de Lisboa, es así: bella y discreta. Aquí no hay grandes monumentos ni edificios fastuosos.En Oporto solo reina la melancolía del tiempo que parece haberse detenido junto al dulce aroma del famoso vino que nace a orillas del río Duero.

    La Baixa es la parte más antigua y de trazado medieval. Allí se encuentra la vía de los Aliados, principal arteria de esta ciudad de 300 000 habitantes, y el punto de partida para conocerla.

    La caminata continúa por el Centro Histórico, que fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad, en 1996. Sus calles son angostas y empedradas y están llenas de gente sobria y amable. En invierno es común el olor penetrante de las castañas asadas que se venden en carros ambulantes. Llama la atención la Catedral o Sé, con huellas románicas y construida como iglesia y fortaleza en el siglo XII. En su interior hay azulejos decorativos que evocan pasajes del Cantar de los Cantares.

    Un atractivo moderno es la Vía Catarina, un barrio con pinceladas cosmopolitas donde imperan las tiendas de moda más importantes de Europa. Otro rincón visitado es la iglesia y torre de los Clérigos, de estilo barroco. Los visitantes pueden subir 225 escalones hasta llegar a la parte superior de la torre de 75 metros de altura. Desde lo alto se aprecian los suaves movimientos del río Duero, que convive en medio de la ciudad.

    El tiempo también se detuvo a orillas de este río, que desemboca en el Atlántico. El Duero es el alma de Oporto, su mayor atractivo. A los lados hay dos colinas de donde se cuelgan cientos de casas multicolores. Varios puentes metálicos unen los dos extremos. Uno de ellos es el de Don Luis, de 172 metros y construido en 1886 por los discípulos de Gustave Eiffel. Por allí atraviesa el metro de la ciudad, en un recorrido fascinante para los viajeros.

    En la parte cercana al casco antiguo se encuentra el muelle fluvial con pequeños y sencillos barcos de madera que recuerdan los viajes del ayer. El paseo por la ribera es encantador. La suave brisa, el cantar de los pájaros y el sonido del agua invitan a la ensoñación. Más aún si se piensa que de esta fértil tierra brotan los mejores viñedos que dan al mundo el delicioso vino de Oporto, desde 1756.

    Pero el mejor momento aún está por llegar. En la Vila Nova de Gaia el viajero se sumerge en las antiguas bodegas o cavas de Oporto. El viaje al pasado continúa para observar los túneles donde envejecía el vino. Varios museos permiten explorar las transformaciones de la bebida desde el siglo XVII. El recorrido cuesta menos de 10 euros y termina con la degustación de los diferentes tipos… Vintage, Tawny, Crusted o Ruby. Vinos con más de 300 años de historia. Oportos blancos y tintos, envejecidos en madera o botella, con cinco, 10, 20 y hasta 40 años de reposo.

    Posted by Cesar @ 8:42

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