• feb 11 2010

    Los franceses productores de vino, aunque también de quesos, galletas y embutidos, le han sacado un provecho enorme, con un olfato mercadotécnico notable. Igualmente lo han hecho con el concepto de ‘Terroir’ , o más bien un vino de terroir , que es aquel que expresa de forma rotunda su origen, su clima, suelo y topografía.

    La denominación de Terrior, tiene la curiosa potencia literaria de haber conferido al mundo del vino un alma, un espiritu y, sobretodo, un origen al vino. Es la sagrada unión entre la madre tierra y el esfuerzo del hombre. El concepto de ‘terroir’ (o terruño) siempre ha estado relacionado con la personalidad y calidad de los vinos. Es la magia que en igualdad de condiciones (uvas, vinificación y envejecimiento) produzcan vinos distintos entre sí sólo se puede deber a la influencia del terruño.

    El terruño designa la interacción de varios factores que son los que le van a dar carácter al vino ( clima, suelo, variedad e intervención del viticultor). Los siguientes factores determinan el terruño y están interrelacionados los unos con los otros, son la base y la esencia de un terruño. El ‘Terroir’ es un espacio concreto que bajo la influencia de varios factores como el clima, la situación y el tipo de suelo permite lograr un producto concreto e identificable. Es un concepto muy amplio y complejo, pertenece a nuestra cultura y a nuestras tradiciones pues la influencia del factor humano; la del viticultor, es decisiva.

    Nos basta con identificar y escoger un terroir para provocar una experiencia diferente. Se pueden distinguir varios terroirs dentro de una misma denominación de origen en función del microclima (características del suelo, horas de sol, precipitaciones, viento, altitud…) y las técnicas locales de vinificación y viticultura.

    Pero con todo esto, al hablar det ‘Terroir’ que marca particularidades, que identifica el terroir de un vino como si del ADN se tratase, también asistimos a una cierta estandarización del vino, a una globalización, es decir, un cabernet sauvignon de Australia se parece cada vez más a uno de Chile, un chardonnay de Italia a uno de California, y un merlot argentino a uno de Eslovenia.

    Y, esto, no deja de ser aburrido, pues si algo identifica al vino es su sentido de origen, el ‘Terroir’. La forma en que cada suelo, topografía y clima moldean las uvas y diseñan vinos irrepetibles, todo de la mano del enólogo, por supuesto.

    Pero lamentablemente estas diferencias, este ADN del vino, cada vez más, se diluyen y difuminan ante modas y tendencias de vinificación que parecen olvidar el sentido de originalidad de la bebida.

    De ahí que se explica que en muchas de las importantes regiones vitícolas de Europa y del ‘Nuevo Mundo’, se intente buscar algo de identidad sacando provecho de uvas trabajadas con dedicación, o bien que se intente descubrir lugares capaces de ofrecer la identidad que un vino merece.

    “Un vino de terroir , es aquel que expresa de forma rotunda su origen, su clima, suelo y topografía. Esas características moldean los sabores y aromas de la fruta”.

    Es obvio que un vino maduro, con cuerpo, concentrado y potente seduce, sin embargo, puede resultar aburrido si carece del sentido de pertenencia a un lugar, si solo nos habla de una bodega que bien puede estar en cualquier parte del mundo.

    La recuperación det Terroir en contra de la globalización del bouquet no es más que la búsqueda de esas características que moldean los sabores y los aromas de la fruta, lo que luego se traduce y expresa en el vino, que ahí y solo ahí, se produce.

    Tenga en cuenta este esfuerzo y busque entre las etiquetas el sello de identidad del vino que eligió para beber, ahí puede estar la clave de una experiencia diferente.

    Posted by Glen Scott @ 8:30

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