• dic 19 2011

     

    Arbeg Distillery

    Arbeg Distillery

    Seguramente unos metros más allá o más arriba, harían que el producto fuera totalmente diferente. Un paisaje espectacular Islay, donde se fraguan las condiciones excatas para ofrecer un producto que lleva en el espíritu su personalidad y las señas de identidad, arroyos de aguas cristalinas que mueren en el mar, una costa esculpida por el mar, la turba de Islay, característica de estas tierras,  la tierra es esculpida en escalera por los utensilios que poco a poco extraen la turba de aquella tierra, cortada en bloques, son llevados a la destilería.

    Islay es una isla donde sus 3.500 habitantes viven del negocio de las destilerías de whisky, reconocidas en todo el mundo, Arbeg es destilado a escasos metros de la Destileria Lagavulin. Su situación es casi mítica, a los pies donde la cruz de Kildalton, cruz celta de un templo celta que data del siglo VIII, testimonio de la maestría de sus más tempranos artesanos cristianos,  resiste los embates de una orografía y una climatología adversas por los siglos de los siglos

    Ardbeg, en gaélico, significa farallón, es decir, un pequeño cabo. La destilería está efectivamente junto al mar y en los frecuentes días de viento el oleaje se estrella en la línea costera acumulando algas cuyos aromas marinos se integran en la complejidad del whisky producido.  

    En antigüedad es la segunda destilería de Islay y parece ser que ya antes de 1794 se destilaba en el mismo lugar cesando la actividad en esa fecha, al menos oficialmente, por motivo de los elevados impuestos. Creada en 1815 y rescatada de una inminente extinción en 1977, sigue su camino hoy en día de la mano de Glenmorangie.

    Su característica más distintiva de este whisky es que proviene del método de tostado de la malta que se realiza quemando la turba de procedencia local en secaderos (pagodas) provistos solamente de aireación natural, sin extractores. El humo acumulado impregna la malta dándole así un aroma final de turba que, en el caso paradójico de Ardbeg, resulta suave y agradable. El aroma, lejos de apoderarse del paladar o de la nariz, deja paso al carácter de la malta que así puede mostrar su dulzura y equilibrio. También tiene notas de yodo y algas, un aroma marino.

    Ardbeg dejó de utilizar carbón para calentar las calderas de los alambiques en 1966, pasando a emplear vapor de agua en su lugar. El vapor produce un calentamiento mas suave y uniforme evitándose así la formación de puntos extremadamente calientes que tienden a requemar el contenido, lo que puede originar sabores desagradables.

    El destilado envejece en barriles de roble. Aunque la legislación establece que ya se puede poner a la venta un producto envejecido tres años, la política de Ardbeg es la de centrar la venta en whisky de 10 años, que es el tiempo que, según su criterio, hace falta para madurar satisfactoriamente el whisky de malta. Una parte se conserva más años para dar lugar a whiskies más añejos. Curiosamente, el 2% del líquido introducido en los barriles se evapora cada año en la llamada “cuota de los ángeles”…

    Las temperaturas de fermentación son muy importantes, e el lavado se obtiene un 7% de alcohol tras 60 horas de fermentación. Barriles de madera gigantecon una capacidad para 400 litros, que se encuentran en constante movimiento.

    La madera es el sello personal de Ardbeg, ya que otros whiskys llevan a cabo todo ese proceso en grandes recipientes de acero inoxidable. Por eso, la higiene es fundamental. Cada tonel es vaciado y limpiado a vapor durante 45 minutos antes de una nueva recarga.

    Tras la fermentación, llega la destilación, la cual se realiza en enormes y preciosos alambiques de cobre. De ellos se desprende un agua cristalina que posee 76º de alcohol. De ahí vuelve a la madera, a las barricas de roble americano para las botellas de 10 años, algunos de sherry, otros de coñac.

    Un millón de litros producidos con las mejores materias primas: trigo que importado de España y Estados Unidos; malta, levadura, agua, buenas barricas y… tiempo. Lo afirma quien guarda el legado de un licor que se ha venido destilando, con interrupciones, desde 1815.

    Posted by Glen Scott @ 14:07

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