• abr 05 2010


    Es un vino añejo, como un coñac con gran solera, probablemente de los más antiguos del mundo, debido a la “madre que tiene”, una barrica de roble de novecientos años y que se conserva en algún escondrijo de la Colegiata de San Isidoro, según ha explicado a EFE su abad, Francisco Rodríguez Llamazares.

    Rodeada de un gran misterio, esta barrica está custodiada con tanto celo que, incluso, la puerta detrás de la que se esconde desde antaño está cerrada bajo dos llaves para evitar, como dice su abad, “depredadores nocturnos y diurnos”.

    Una llave la guarda el abad de turno y la otra el administrador; ambos, cada día de Jueves Santo, se reúnen con sigilo en algún punto de la Colegiata para extraer de la cuba este preciado vino. Leer más…

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