El mundo del vino ha sido por tradición un mundo eminentemente masculino, aunque esta consideración del entramado vitivinícola está cambiando con la irrupción a escena (que no entre bambalinas donde la mano femenina actuaba ya desde hace bastante tiempo) de importantes referentes femeninos.
La incidencia histórica de la mujer en el vino siempre ha aparecido desdibujada, a pinceladas irregulares. Quizás históricamente las primeras referencias enológicas vinculadas al sexo femenino habría que buscarlas en Francia, allí, sobre el resto de mujeres, brillan con luz propia dos de marcado carácter, que supieron, no sin esfuerzo buscar su propio hueco en un segmento de mercado monopolizado con total exclusividad por el hombre.
La primera figura fémina que me viene a la cabeza es la de Nicole Barbe Ponsardín, a la sazón viuda de Cliquot, la cual, a la muerte de su marido, forjó la marca comercial de Champagne más importante de la historia. Esta inquieta mujer mejoró el método champenoise empleado por Pierre Perignon, ideando el degüelle como solución para retirar los restos fermentativos que permanecían en la botella. El degüello de las botellas de vinos espumosos aún se continua realizando en la actualidad.
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