• abr 24 2010


    De momento, la producción es tan irrelevante que la Xunta ni siquiera la tiene cuantificada, pero en la última década la plantación de olivos en Galicia al menos se ha multiplicado por cien. Al único punto del territorio gallego donde la producción de aceite era conocida y tradicional (el valle de Quiroga) se han ido sumando otras comarcas: el Baixo Miño, la Ribeira Sacra y algunos lugares de la provincia de Ourense como A Limia y Valdeorras.

    La mayor parte de este nuevo impulso está vinculado a la industria del vino. Varias bodegas en Galicia experimentan con la convivencia de las dos plantas, que, en condiciones normales, suelen llevarse muy bien. Al carácter noble y decorativo que los olivos aportan a las viñas se ha unido una producción modesta que apenas llega al mercado, pero que los clientes de las bodegas valoran extraordinariamente. Obsequios bien presentados de un producto de momento exclusivo: aceite puro, virgen, de aceituna gallega. Un capricho natural, una exquisitez.

    No todos los olivos gallegos están en las bodegas. Los más antiguos, por encima de los 400 años, siguen en Quiroga, una excentricidad climática al sur de Lugo, con palmeras y limoneros. Allí aún existen paisanos que recogen unos centenares de kilos y los llevan al molino más cercano a cambio del 20%: la maquila. El mismo sistema que cuando esos olivos centenarios empezaban a dar sus primeros frutos. Leer más…

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