• nov 25 2009


    Nuestro cerebro no es sino la consecuencia natural, el resultado evolutivo de los bulbos olfativos situados encima de nuestra nariz, que tuvieron que ir creciendo, agrandándose, en su constante e interminable tarea de procesar tantísima información recogida a través de las fosas nasales. El sentido del olfato es consustancial con la vida. A diferencia del resto de nuestros sentidos.

    Estudios científicos dicen que el sentido del olfato está directamente relacionado con las emociones (oler es discriminar, valorar, recordar) pues en la misma zona del cerebro donde se descodifican los mensajes de los olores también se registran las señales emocionales. Otros autores sugieren que, en realidad, lo que entendemos por “cerebro” o “mente” no es sino una concatenación de mensajes que constantemente están viajando por todo nuestro organismo vehiculados por nuestras moléculas, enzimas, hormonas, etc; en larguísimas e intrincadas autopistas neuronales. El olfato entonces juega un papel primordial en ese aspecto. Aún con todo, podemos recordar el 35% de lo que olemos. Leer más…

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