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Enclavada en Samaniego, uno de esos lugares donde se vive el vino, Heredad de Aduna se ha mantenido a lo largo de su historia fiel a una filosofía que le coloca siempre al lado de la tradición que instauró José Martínez Aduna. La propiedad de Heredad de Aduna se compone de 30 hectáreas , es la Sierra de Cantabria. Más allá de una recurrida visión, la Sierra de Cantabria es el origen, el lugar exacto donde comienzan a concebirse los vinos de Heredad de Aduna. De su cálida protección surgen los parámetros de calidad que hacen de nuestras uvas el origen perfecto de nuestros vinos, tanto para los Jóvenes, como los que destinamos a Crianzas, Reservas y Vendimias Seleccionadas. El clima, el suelo, la orientación, las horas de sol, las temperaturas medias, la altitud del viñedo. La vides de la propiedad, situadas entre los 400 y los 700 metros de altitud, están apoyadas en un suelo arcillo calcáreo que limita a su punto justo la acción de la lluvia y la humedad, se muestra especialmente majestuosa la variedad Tempranillo, imprescindible para sus vinos Jóvenes por su intenso color y sabor y para aportar su especial bouquet a los que destinan a la Crianza. El resto de las variedades tintas - Garnacha y Mazuelo - se destinan a complementar los vinos tintos, mientras que nuestros vinos blancos son un cúmulo de sensaciones, gracias a la Viura. La Rioja Alavesa desciende hasta el Ebro en laderas escalonadas orientadas al sur. El vino se elabora a partir del sistema de maceración carbónica, fermentado durante aproximadamente 8 días en los que se controla continuamente la temperatura, densidad y aroma. Este sistema consiste en echar los racimos enteros de uva tinta en los lagos. Allí la uva se asfixia y comienza la fermentación, produciendo alcohol. Una vez que el mosto ha tomado todo el color de la piel, lo pasan a unas cubas, ya sin hollejos, donde concluye la fermentación.
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